Como en San Siro, el Barça ha dispuesto de la pelota, se la ha pasado con intención, pero ha carecido de profundidad, a pesar de jugar con dos extremos abiertos (Villa, a la izquierda; Alexis, a la derecha). Y el Sevilla, tranquilo, pues ha tendido una red de seguridad en torno a Beto, un sólido meta que ha fichado el club andaluz para tapar la marcha de Diego López al Santiago Bernabéu.
Y como en Milan, una falta lateral, prácticamente en el mismo sitio (banda derecha de la defensa azulgrana), mal defendida por Montoya, que no ha peinado la pelota para impedir que la recogiera Coke, ha sido el prólogo del silencio que ha imperado en el Camp Nou. Montoya no ha llegado, Botía ha impuesto su poderío físico sobre Alves y el Barça, de nuevo, absolutamente desconcertado. Un remate del Sevilla, un gol.Unai ha saltado como un loco por la banda porque ese gol pertenece a su laboratorio. Es suyo. Y así de feliz se ha marchado al vestuario con ese 0-1 que tanto daño ha hecho al Barcelona, sin saber entonces la tormenta que se iba a desatar después.
En el descanso, Tito ha intervenido desde Nueva York y ha llamado a Roura, la mano que ejecuta las órdenes. Alexis, con molestias, se ha quedado en la caseta; ha entrado Tello, un viejo pero, a la vez, joven extremo; Villa ha ejercido de delantero centro, como en sus tiempos del Sporting, el Valencia y España; al incansable Alves le han dado la banda derecha de punta a punta; Messi ha flotado por detrás con libertad, y el Barça ha hallado en solo un cuarto de hora los espacios que no ha tenido antes.Con esa decisión táctica, los azulgranas han remontado el partido. Tello ha regateado, Alves ha centrado, Villa ha cabeceado y Messi ha encontrado la puntería perdida. Así han llegado los dos goles azulgranas mientras el Sevilla no ha descodificado ese movimiento clave, impulsado por Tito desde Nueva York y ejecutado en Barcelona por Roura.

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